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09 diciembre 2012

El Acuerdo Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP) como golpe global


¿Por qué tanto secreto?

Andrew Gavin Marshall - Occupy.com/Truth-out

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


En la cumbre de dirigentes de los Estados miembros del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP) en noviembre de 2010 participaron: Japón, Vietnam, Australia, Chile, Singapur, EE.UU., Nueva Zelanda, Brunei, Perú y Malasia.

El Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP) es la negociación comercial más secreta y “menos transparente” de la historia.

05 diciembre 2012

Más allá del precipicio fiscal


Por: Paul Krugman - El País

Parece que Brian Beutler, de Talking Points Memo, ha sido el primero en usar la frase “bomba de la austeridad” para describir lo que está previsto que ocurra en Estados Unidos a finales de este año. Es una expresión mucho mejor que “precipicio fiscal”. Lo de precipicio hace que la gente imagine que es un problema de déficits excesivos cuando, realmente, se trata del riesgo de que el déficit sea demasiado pequeño; asimismo, y en relación con lo anterior, lo de precipicio fiscal induce a una confusión en la que la gente dice, “Entonces, ¡esto significa que tenemos que promulgar la ley Bowles-Simpson y aumentar la edad de jubilación!”, y ninguna de las dos cosas tiene nada que ver con ello.

03 diciembre 2012

Alertan sobre repunte de la inequidad económica en EE.UU.


PRENSA LATINA

Washington, 27 nov (PL) La diferencia de bienestar entre la clase pudiente de Estados Unidos y el resto de la población se disparó hasta niveles astronómicos durante las pasadas tres décadas, mientras los ingresos de la familia promedio son los peores desde 1969.

Un informe del economista y catedrático de la Universidad de Nueva York Edward Wolff, quien estudió el movimiento de los dividendos ciudadanos entre 1983 y 2010, refleja que la clase media norteamericana tiene las más bajas utilidades en 43 años.

En la etapa mencionada, la disparidad en cuanto a ingresos monetarios aumentó significativamente en el norteño país sobre todo como consecuencia del quebranto de las inversiones en el sector inmobiliario, que afectó con énfasis a activos de la comunidad trabajadora.

De acuerdo con el Reporte Wolff, mientras una familia de clase media perdía un 18 por ciento de sus entradas financieras, aquellos ciudadanos incluidos en el uno por ciento poblacional -los más acaudalados- vieron incrementar sus ingresos en 71 por ciento.

En 2010 también el salario promedio anual decreció hasta sus peores niveles desde 1999, unos 26 mil 360 dólares, y como resultado una persona dentro del llamado uno por ciento disfrutada de valores 288 veces superiores al de un ciudadano estadounidense promedio.

La Gran Recesión que golpeó a la industria nacional entre 2007 y 2010 provocó que el bienestar económico de las familias de clase media decayera un 38,8 por ciento durante ese período, con mayor perjuicio para aquellos individuos entre 35 y 44 años.

El presidente Barack Obama adelanta desde inicios de 2012 una campaña pública para consolidar el apoyo ciudadano hacia su iniciativa relacionada con el aumento de impuestos a los más ricos como medio de contrarrestar el déficit.

Obama se ha reunido con líderes sindicales, representantes del sector privado empresarial y delegados de ambos partidos políticos con la meta de ganar adeptos para una propuesta de incrementar gravámenes desde 35 hasta 39,6 por ciento.

El propósito del mandatario demócrata apunta hacia aquellos ciudadanos con ingresos mayores de 250 mil dólares anuales, una porción de la población beneficiada con pactos legislativos certificados durante la administración de George W. Bush.

Según cálculos de la Casa Blanca, el fin de la era-Bush de privilegios fiscales podría aportar un adicional de 440 mil millones de dólares de recaudos gubernamentales en los próximos 10 años.

Una cifra record de 42,2 millones de estadounidenses celebró el reciente Día de Acción de Gracias bajo el programa federal de auxilio para pobres que reparte estampillas con derecho a comidas subsidiadas.
Acorde a un estudio del foro Sunlight Foundation, el uso de los bonos para alimentos se disparó en Estados Unidos desde el colapso del sistema financiero hace cinco años. Esta opción aumentó en 70 por ciento desde 2007 y no disminuirá hasta que caigan los números del desempleo.






26 octubre 2012

Debates monetarios

Orlando Delgado Selley - La Jornada



La decisión de la Reserva Federal estadunidense de comprar valores financieros respaldados con hipotecas, por valor de 40 mil millones de dólares mensuales, hasta que la economía de ese país se acerque al desempeño requerido para reducir la tasa de desempleo, ha generado una importante controversia internacional. Los ministros de Finanzas de Brasil, Rusia y China han planteado críticas a esa política, que inunda al mundo de dólares en busca de rendimientos superiores a los que ofrecen los valores emitidos por la Tesorería estadounidense.

12 octubre 2012

La crisis de la hegemonía del dólar


Ramaa Vasudevan - Página 12

Lo que comenzó como un estallido del mercado de hipotecas subprime en Estados Unidos cuatro años atrás mutó hacia una crisis de deuda soberana que amenaza con dividir la Eurozona. Las economías emergentes en América latina, Asia y Europa del Este, que experimentaron un fuerte ingreso de capitales desde los 598 mil millones de 2008 hasta el pico de 1,1 billones en 2010, según el Instituto Internacional de Finanzas, ahora están atravesando la sequía de esa bonanza. En 2012, el ingreso neto de capitales a esos países caerá hasta los 912 millones de dólares mientras que la preocupación ante un posible default en la Eurozona espanta a los inversores. Los países en desarrollo enfrentan un pronóstico de fuga de capitales y crisis de balanza de pagos que fueron la ruina en los años ochenta y noventa.

Para comprender por qué la crisis del mercado hipotecario norteamericano mutó hacia una crisis con ramificaciones globales uno debe entender que la crisis es, en un sentido fundamental, una crisis de la hegemonía del dólar. El rol internacional del dólar como moneda global le permitió a Estados Unidos ejercitar un privilegio exorbitante en el mercado financiero internacional. Estados Unidos es el eje de la red global de flujos financieros y la amplitud y profundidad del mercado financiero norteamericano atrae inversores de todo el mundo. Esta función ha sido preservada y extendida a pesar del crecimiento del déficit comercial y la deuda externa estadounidense durante las décadas previas al estallido de la crisis. En un país latinoamericano, un déficit de cuenta corriente similar hubiera disparado un ataque especulativo sobre su moneda. A diferencia de otros países deficitarios, Estados Unidos puede financiar sus crecientes déficit emitiendo su propia deuda a través de la acumulación de reservas en dólares y bonos del tesoro en los países acreedores.

Mientras que el poder militar y las presiones diplomáticas fueron fundamentales para estructurar la hegemonía del dólar, Estados Unidos ha estado cumpliendo el rol de banquero del mundo atrayendo los excedentes de Asia y los países exportadores de petróleo, y reciclando esos recursos en la forma de flujos de capitales privados hacia las economías emergentes en la periferia. Mientras que esos flujos gravitaron hacia América latina en los años setenta, desde los ochenta también han llegado a países en Asia. En la década pasada, las economías del este europeo también se volvieron receptoras de esos recursos. Esos flujos de capitales privados funcionaron como una válvula de seguridad para el régimen del dólar y la periferia-deudora cargó con lo peor de los ataques especulativos, colaborando para proteger y preservar la hegemonía del dólar. Al mismo tiempo, la periferia-deudora fue forzada a implementar el proceso de reformas neoliberales y liberalizar sus mercados financieros, enterrándose todavía más adentro del régimen del dólar.

A Estados Unidos, el privilegio exorbitante del dólar le otorgó una línea internacional de crédito que ayudó a impulsar una fiesta de consumo, financiada a través de brujería financiera y deudas crecientes. Si bien Estados Unidos no ha sido inmune a los episodios de fragilidad financiera en este período, esas situaciones no precipitaron una crisis financiera de la misma magnitud que la de los países periféricos. En la última década, a medida que los países en desarrollo comenzaron a acumular una cantidad significativa de reservas internacionales para protegerse de las devastadoras consecuencias de la fuga de capitales, los superávits globales también fueron canalizados a través del sistema bancario norteamericano hacia el mercado de hipotecas subprime, donde las personas más pobres pedían dinero prestado. El colapso de ese mercado es, en algún sentido, un reflejo de las contradicciones del imperio del dólar.

Sin embargo, esto no implica que la crisis sea un heraldo del final de la dominancia del dólar. La desaparición de la maquinaria crediticia no sólo fomentó una sed insaciable de dólares, sino que el shock después del colapso del mercado subprime en Estados Unidos también comenzó, en lo que fue un extraño giro de los acontecimientos, a destruir el edificio que sostenía a su principal contendiente: el euro.

La capacidad para endeudarse con China, una parte importante de los mecanismos que ayudan a perpetuar la hegemonía del dólar, también permanece en su lugar. Mientras que algunos la ven como un contendiente emergente, por el creciente poderío de su brazo financiero, China está metida bien adentro del régimen del dólar.

El dólar continúa siendo el ancla del sistema financiero global. A pesar de su declinación en la última década, cuando llegó a representar el 70 por ciento, las reservas internacionales en dólares siguen alrededor del 62 por ciento, más que el doble que su competidor más cercano, el euro (24 por ciento). El 85 por ciento de todas las transacciones en moneda extranjera involucran al dólar. La dominancia del dólar, a pesar de la crisis, no tiene rivales.

Los intentos agresivos de la Reserva Federal para inyectar liquidez en el sistema financiero global, en lugar de reactivar la inversión y el crédito en Estados Unidos generaron un fuerte ingreso de capitales en los países emergentes que resultó en una fuerte apreciación de sus monedas. Brasil y Corea del Sur, por ejemplo, adoptaron estrategias defensivas para enfrentar el ingreso de capitales especulativos que amenazaban con despertar una guerra de monedas. El impacto global de la crisis todavía puede extenderse más allá de la periferia europea. Mientras que la crisis sacó a la vista los efectos perjudiciales del rol internacional del dólar, es prematuro escribir el obituario para la hegemonía del dólar.

11 octubre 2012

Las empresas de EEUU se preparan en la sombra para un posible apocalipsis financiero



Existe una tensa calma entre el corporate estadounidense. Con el pistoletazo de salida a la presentación de resultados correspondientes al tercer trimestre del año ya en marcha, buena parte de los balances empresariales de EEUU dejarán ver un hecho común, el elevado efectivo que amontonan las principales compañías del país.

De hecho, según la consultora Casey Research, los niveles de efectivo rondan ya los 1,4 billones de dólares, la mayor marca desde la Segunda Guerra Mundial. Una cifra que no incluye a la industria bancaria del país y que pone de manifiesto que los empresarios del país no sólo temen la incertidumbre del contexto económico al que se enfrenta el país sino un panorama mucho más apocalíptico.

Dan Steinhart, analista de Casey Research, asegura que "el efectivo, por supuesto, es un amortiguador contra la incertidumbre" sin embargo aclara que la cifra de 1,4 billones de dólares indica que "las empresas no sólo están un poco nerviosas sobre el futuro, se están preparando para un apocalipsis".

Este experto pone de manifiesto que si estas empresas decidieran usar este efectivo en un proyecto marginal con un interés mínimo de un 1%, el beneficio total sería de 14.000 millones de dólares. "Sin embargo prefieren estar sentadas sobre montañas de efectivo y no ganar nada", asegura.

Los cálculos demuestran la prudencia que se respira entre las cúpulas directivas del corporate americano, donde es evidente que las actividad que fomentaría el crecimiento económico brilla por su ausencia. Aún así, en algún momento tendrán que comenzar a invertir de nuevo, según indica Steinhart.

De hecho, la inflación podría servir como catalizador. Al fin y al cabo, las empresas pueden tolerar unos niveles de inflación del 1,7% anual pero si dicha tasa asciende, por ejemplo, hasta el 4%, las empresas harían lo imposible por usar el dinero inactivo en cualquier proyecto, por mediocre que sea.

El lado positivo de esta situación es que la empresas "tienen el depósito lleno". "No hay necesidad de emitir acciones para recaudar fondos tienen todo el combustible que necesitan", recalca el analista de Casey Research.

Por lo tanto, todo depende ahora de los políticos y su capacidad para garantizar un entorno económico propicio para que las empresas esten dispuestas a invertir y crecer. De lo contrario, está demostrado, que el corporate estadounidense está preparado para lo peor.

10 marzo 2011

Cómo destruir una recuperación

Paul Krugman - El País

Las noticias económicas han sido mejores últimamente. Las nuevas solicitudes de prestación por desempleo están bajando; las encuestas sobre negocio y consumo indican un crecimiento sólido. Seguimos cerca del fondo de un hoyo muy profundo, pero al menos estamos remontando. Es una pena que tantas personas, principalmente de la derecha política, quieran enviarnos rodando para abajo otra vez.

Pero antes de tocar ese punto, hablemos de por qué la recuperación económica ha tardado tanto en llegar. Algunos economistas esperaban un rápido rebote una vez que hubiésemos superado la fase aguda de la crisis financiera -en la que yo pienso como el periodo de Dios, todos vamos a morir-, que se extendió aproximadamente desde septiembre de 2008 hasta marzo de 2009. Pero no era eso lo que nos deparaba el destino. La economía de burbuja de los años de Bush dejó a muchos estadounidenses con demasiada deuda; una vez que la burbuja estalló, los consumidores se vieron obligados a hacer recortes e, inevitablemente, arreglar sus finanzas iba a llevarles tiempo. Y la inversión empresarial también estaba abocada a decaer. ¿Por qué aumentar la capacidad cuando la demanda de los consumidores es débil y uno no está usando las fábricas y edificios de oficinas que tiene?

El único modo en que podríamos haber evitado una depresión prolongada habría sido aprovechar al máximo la capacidad de gasto gubernamental. Pero eso no sucedió. De hecho, el crecimiento del gasto público total se ralentizó después de que la recesión nos golpease, a medida que el débil estímulo federal se vio frenado por una oleada de recortes a escala estatal y local.

Así que hemos experimentado años de paro elevado y crecimiento insuficiente. Sin embargo, a pesar del sufrimiento, las familias estadounidenses han mejorado poco a poco su situación financiera. Y en los últimos meses ha habido indicios de un incipiente círculo virtuoso. A medida que las familias han ido arreglando sus finanzas, han aumentado su gasto; a medida que la demanda de los consumidores ha empezado a recuperarse, las empresas han estado más dispuestas a invertir; y todo esto ha conducido a una economía en expansión, lo cual mejora aún más la situación financiera de las familias.

Pero sigue siendo un proceso frágil, sobre todo si tenemos en cuenta los efectos de la subida de los precios del petróleo y los alimentos. Estas subidas de precios tienen poco que ver con la política estadounidense; se deben principalmente al aumento de la demanda de China y otros mercados emergentes, por un lado, y a los cortes del suministro causados por la agitación política y el mal tiempo, por otro. Pero son un revés para el poder adquisitivo en una época especialmente difícil. Y las cosas empeorarán mucho más si la Reserva Federal y otros bancos centrales responden equivocadamente al aumento de la inflación total subiendo los tipos de interés.

Sin embargo, el peligro claro y actual para la recuperación procede de la política; concretamente, de la exigencia de los republicanos de la Cámara de que el Gobierno recorte drástica e inmediatamente el gasto en nutrición infantil, control de enfermedades, agua potable y demás. Dejando a un lado las consecuencias negativas a largo plazo, estos recortes conducirían, directa e indirectamente, a la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo (y esto podría romper el círculo virtuoso de ingresos que crecen y finanzas que mejoran).

Por supuesto, los republicanos creen, o al menos fingen creer, que los efectos directos de destrucción de empleo de sus propuestas se verían más que compensados por un aumento de la confianza de las empresas. Como a mí me gusta expresarlo, creen que el hada de la confianza hará que todo se arregle.

Pero no hay motivos para que el resto de nosotros compartamos esa creencia. Para empezar, resulta difícil ver cómo un plan tan evidentemente irresponsable -¿desde cuándo privar de fondos a la Agencia Tributaria ayuda a reducir el déficit?- puede mejorar la confianza.

Aparte de eso, tenemos muchas pruebas procedentes de otros países acerca de las perspectivas de la "austeridad expansiva", y dichas pruebas son todas negativas. El pasado octubre, un exhaustivo estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) llegaba a la conclusión de que "la idea de que la austeridad fiscal estimula la actividad económica a corto plazo tiene poca base en los datos".

¿Y recuerdan los magníficos elogios dedicados al Gobierno conservador de Reino Unido, el cual anunció unas durísimas medidas de austeridad tras asumir el cargo el pasado mayo? ¿Cómo va eso? Bueno, de hecho, la confianza de las empresas no aumentó cuando se anunció el plan; se hundió y todavía tiene que recuperarse. Y sondeos recientes señalan que la confianza de empresas y consumidores ha descendido todavía más, lo que indica, como se señala en un informe, que el sector privado "no está preparado para llenar el hueco dejado por los recortes del sector público".

Lo que nos devuelve al debate presupuestario en Estados Unidos. Durante las próximas semanas, los republicanos de la Cámara tratarán de chantajear a la Administración de Obama para que acepte los recortes del gasto propuestos por ellos, empleando la amenaza de un bloqueo gubernamental. Afirmarán que esos recortes serían buenos para Estados Unidos tanto a corto como a largo plazo.

Pero lo cierto es justamente lo contrario: los republicanos han conseguido presentar unos recortes del gasto que cumplirían una doble función: socavar el futuro de Estados Unidos y amenazar con malograr la incipiente recuperación económica.